En los últimos años del siglo XIX Gijón se había convertido en una ciudad de referencia en los sectores comercial e industrial. La arquitectura fue entonces un recurso fundamental para mostrar públicamente esa pujanza, una arquitectura ecléctica en la que también se hizo hueco el modernismo a partir de 1900. La burguesía local encargó edificios ricos en ornamentación, con cuidados detalles y elaborados diseños que pronto se convirtieron en referentes urbanos.

Manuel Sánchez Dindurra fue, en esos años y durante el primer tercio del siglo XX, un gijonés imprescindible. Un empresario de fortuna y audacia que se embarcó en 1898 en la aventura de levantar un nuevo teatro a la altura de los tiempos.

Para ello encargó al arquitecto Mariano Marín Magallón, el más reputado en ese momento, la edificación de la mitad de la manzana ubicada entre las calles Casimiro Velasco, Covadonga y el paseo de Begoña, en cuyo centro se levantó el Teatro Dindurra.

El conjunto se edificó en el tiempo récord de diez meses, abriéndose al público coincidiendo con la celebración de la Exposición Regional en el verano de 1899.

El proyecto inicial de Marín Magallón destinaba la planta baja de la confluencia del paseo de Begoña con la calle Covadonga a ser el vestíbulo de entrada al teatro, si bien también albergaba en ella un pequeño espacio para café y una sala para restaurante, zonas vinculadas ambas a la actividad del coliseo.

En el año 1901 Manuel Sánchez Dindurra encarga al mismo arquitecto la transformación de esas dependencias en un único local con actividad autónoma. Aunque, eso sí, manteniendo la conexión directa con el teatro, que pasa a integrarse dentro de la nómina de los grandes cafés gijoneses, en su mayor parte ubicados en la calle Corrida. Nacía así el café Dindurra.

Laureano Junquera Rodríguez, primero mediante la sociedad Junquera Hermanos y luego de manera independiente, se hizo cargo de la explotación del local hasta 1921, momento en el que lo traspasó a su cuñado Celestino Nosti Felgueras. La familia Nosti estará ya al frente del negocio durante los 92 años siguientes.

En la primavera de 1931 se inicia una profunda remodelación del café Dindurra por encargo de Celestino Nosti. Manuel del Busto, el arquitecto más afamado de la ciudad, transforma el negocio en una instalación moderna con todas las comodidades del momento y caracterizada por una vanguardista estética Art Decó, cuya singular ornamentación en escayola es ejecutada por el escultor Pepín Morán.

Decoración, mobiliario y equipamientos convierten al Dindurra en el mejor café de Gijón y en una de las salas más notables del país.

Durante la guerra civil, los bombardeos de la alemana Legión Cóndor destruyeron el Teatro Dindurra, si bien el Café sobrevivió a la catástrofe. Tras el conflicto bélico es reconstruido y rebautizado como Teatro Jovellanos. Salvo variaciones de color en su pintura, el local apenas sufre cambios hasta inicios de la década de 1970, en la que se suprime parte del mobiliario original de la sala.

Generación tras generación, el café Dindurra se mantiene como uno de los centros de reunión social esenciales de Gijón. La progresiva desaparición de los grandes cafés históricos durante el último tercio del siglo XX lo convierte finalmente en un espacio único en la ciudad y en Asturias.

El 20 de noviembre de 2013 el Dindurra cierra sus puertas. A la conmoción ciudadana que causa la inesperada noticia se suma la incertidumbre ante la posibilidad de que el negocio no tenga continuidad como café.

Los peores presagios desaparecen en la primavera de 2014, cuando el Grupo Gavia se hace cargo del local con intención de mantener su actividad como negocio hostelero.

El reto surge de inmediato: es preciso rehabilitar el café, ajado y maltrecho tras un uso intensivo de más de ocho décadas, dotándolo de los servicios propios del momento pero manteniendo su señero diseño vanguardista que, además, por su singularidad esta protegido. Bajo la dirección del arquitecto Antonio Fernández Morán se abordan las obras que durarán seis meses, en las que también participa el decorador José Antonio Menéndez Hevia.

El siglo XXI comienza, en la práctica, en el café Dindurra en el otoño de 2014, iniciando una nueva etapa que permite que Gijón mantenga vivas tanto una de sus señas de identidad como una de sus obras arquitectónicas más singulares. Tras 113 años de actividad, el Dindurra aún sigue siendo parte del presente y del futuro de Gijón.